
Después de su presentación oficial durante el Salón del Automóvil de Tokio de 2001, Mitsuoka pone recién a la venta este espectacular modelo deportivo: El Orochi.
El Orochi -o la serpiente, como les gusta llamar a este vehículo por el agresivo diseño de su frontal e inspirado en el clásico Honda NSX- era hasta hace unos meses sólo un prototipo, pero muy lejano de la producción anterior de Mitsuoka.
Porque, si hasta ese momento su oferta giraba en torno a sedanes, descapotables clásicos y hasta microcoches, la nueva propuesta aspira a competir con los superdeportivos occidentales más afamados.

En la información suministrada por el constructor, se le compara directamente con el Lamborghini Diablo GT, frente al que es más largo (4,58 metros), ancho (2,05 metros) y ligeramente más alto (1,14 metros). También es un biplaza, como el afamado modelo italiano, y su estética recuerda vagamente a la de otro gran producto europeo, el ya extinto Jaguar XJ 220.
Ahora bien, aquí se acaban las referencias, pues no se saben más datos técnicos. Sólo se anticipa que para la motorización se podría optar entre motores V6 o V8, sin descartar el empleo de soluciones híbridas.

En cualquier caso, esta pretensión se queda muy lejos si su contenido final se juzga por el precio que la compañía anticipa para el Orochi: unos 60.000 euros. Esto supone menos de un tercio de lo que cuesta cualquiera de sus teóricos rivales.
La marca
El fabricante de coches Mitsuoka y el mundo onírico forman un dúo particular. Primero, por el eslogan de esta marca (una pequeña compañía con un gran sueño). Y en segundo lugar, por la filosofía de esta empresa japonesa: "importar" a la realidad, automóviles de ensueño.

Con estas dos premisas, Mitsuoka hizo la prsentación de su gama en el Salón de Tokio del 2001. Durante esta muestra, muchos visitantes quedaron sorprendidos al ver estos modelos japoneses. Aunque la estrella de la marca era el deportivo Orochi, las miradas de los visitantes también quedaron atrapadas por modelos como el convertible Le-Seyde, o el microcoche eléctrico ME-2.
Por Alejandro Marimán